“Las historias nos buscan, pero somos nosotros los que les damos corporeidad y las ordenamos. Algunas habitan en miles de palabras que, hilvanadas, producen una narración. Otras precisan de muy pocas, pero poseen la misma fuerza.”

Santiago García Navarro

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Vidas



Prudencio llevaba trabajando allí veinticuatro años, seis meses y dieciocho días de los cuarenta y un años, ocho meses y tres días que tenía de edad.

La angustia que sentía cada amanecer era un recordatorio de por qué nunca debió haber escuchado a su padre:

—Aprende bien el oficio y no te faltará el trabajo —le repetía.

Él obedecía, como siempre había hecho, acumulando años de silencio, de renuncias y de rencor invisible. 

—Mira lo que eres capaz de dominar con manos, Prudencio: la muerte.

El taller, un espacio frío y lleno de olores metálicos y químicos, se convirtió en su prisión silenciosa. Entre algodones, bisturíes, pinzas y disolventes, Prudencio pasaba las horas transformando lo que alguna vez respiró, se movió y sintió, en meras esculturas inmóviles, condenadas a una eternidad sin sentido.

domingo, 24 de agosto de 2025

Sostener

 

El día no había empezado bien. Lo noté desde muy temprano.


Tomando el primer café supe que algo iba mal. Hay días, en los que parece que el mundo se conjura en tu contra antes incluso de salir de la cama. Es una sensación muy real. No importa lo que hagas porque ya te sientes derrotado, aunque no hayas librado aún ninguna batalla: perder es lo único que puedes hacer.

 

La reunión comenzó tarde y se alargó más allá del tiempo previsto. No sé cómo sucedió todo exactamente. Fue como una chispa devastadora que prende en un campo seco. Todo se desmoronó en cuestión de segundos. El ambiente se cargó de tensión, y el silencio se hizo denso como el humo en una habitación cerrada. Intenté en vano retroceder, pero ya era tarde. 

jueves, 24 de julio de 2025

Lindes


Siempre hay algo en el odio que se perpetúa, como si el rencor fuera una herencia tan legítima como una casa, una finca o el ganado.
 
En este pueblo, lo sabemos bien. Aquí, los muros no son solo de piedra, están hechos de palabras atragantadas y miradas torcidas. Hay familias que llevan generaciones odiándose por razones que ya nadie recuerda del todo y cuyo rencor ha generado un pacto sagrado.
 
Es un odio antiguo, nacido de algo que tal vez fue un malentendido, una traición o un gesto torcido que desencadenó una guerra silenciosa. Quizá una palabra dicha en el momento equivocado o unas lindes disputadas. Nadie sabe con certeza el origen, pero todos lo perpetúan como si fuera una deuda que aún estuviera por saldarse. 

martes, 24 de junio de 2025

Perpetuidad

 


La bajada al aparcamiento fue infinita.

Curvas y más curvas que parecían no tener fin, como si estuviera metido en el interior de un tornillo que no hacía más que dar vueltas.

 

Aquello empezó a mosquearme, aunque ya había estado en ese aparcamiento en otras ocasiones, siempre que visitaba el centro comercial.

 

Lo elegía por la dificultad que entrañaba para acceder. Había que saber muy bien la ruta para poder llegar allí. Las sucesivas y permanentes obras en la ciudad habían convertido esa calle en una especie de lugar oculto pero que seguía teniendo uno de los aparcamientos mejor situados de la zona. Por eso me gustaba.

sábado, 24 de mayo de 2025

Trazos

 


El primero fue un escritor, un hombre con una mirada profunda, pero siempre con una especie de tristeza latente. Como si hubiera visto demasiadas historias desvanecerse y, a pesar de todo, no pudiera dejar de escribirlas. Tenía la mano firme, decidida. Yo era su compañero inseparable, como una extensión de su alma. Cada palabra que escribía se traducía en una marca en mí, una marca de propósito, de vida. Yo le ayudaba a expresar sus pensamientos, sus deseos, sus miedos. Y, en cierto modo, podía sentir sus emociones, reflejadas en cada trazo.

Las primeras veces fueron intensas.

jueves, 24 de abril de 2025

Ballenas


La primera vez que sentí que algo profundo se ocultaba en el canto de las ballenas, no fue un instante de claridad, sino un susurro, como una corriente que se cuela entre las rocas.


Lo vi en su comportamiento, en la forma en que se movían, en sus pausas, en sus giros. Años de estudio en los océanos no me habían preparado para este descubrimiento. No era sólo su migración lo que me cautivaba, ni sus saltos impresionantes. Era algo mucho más sutil, algo que se encontraba entre las notas de su canto, en esos momentos de sonidos compartido.

 

El océano era vasto, pero en su interior algo me decía que las ballenas guardaban más secretos de los que la ciencia podría revelar. Era como si algo más, algo inexplicable, se moviera dentro de ellas.

lunes, 24 de marzo de 2025

Miradas


Ana no respira.


Hay un gran tumulto a la salida del puerto. Gritos, carreras, órdenes. El impacto contra el malecón ha convertido la barca en un amasijo de maderas y astillas. Se oyen sirenas de fondo y la tormenta estalla. La lluvia hace que los curiosos busquen refugio.


Ana permanece tumbada.


El agua que sigue cayendo copiosamente barniza las piedras del puerto dotándolas de un falso brillo.


Mario no se ha movido de su lado. Tiene un golpe en la cabeza, está empapado, pero sonríe. El brillo de las piedras también ilumina la sangre de su rostro. Ana abre los ojos. También sonríe.