El profesor nunca fue un tipo común.
Desde la primera clase en la academia de inglés, ya se notaba que tenía algo especial o peculiar, más bien. Alto, muy delgado y con un acento británico tan marcado que parecía sacado de una película de espías antigua. Pero lo que más destacaba de él era su capacidad de contar anécdotas absurdamente increíbles con una naturalidad pasmosa.
Una tarde, mientras intentaba que habláramos sobre experiencias graciosas o situaciones extrañas, nos contó la historia de cómo, durante la huelga del metro en Madrid en 1976, había logrado hacerse con un rollo completo de billetes de metro. Lo dijo como quien comenta que ha encontrado una moneda tirada en la calle.











