Sabemos que será un día corto, lleno de compromisos y rituales que se repiten año tras año, como una costumbre que ya ni cuestionamos.
Es de noche todavía. El cielo, perezoso, no muestra ni un atisbo de luz.
Entonces lo veo.
Un niño, muy pequeño, de apenas dos o tres años, camina solo por la calle con paso tranquilo. Pijama de muñecos, descalzo y con chupete.
