Abbas volvía del puerto cargando sus envases, como lo había hecho tantas veces que su memoria ya era incapaz de contarlas. Caminaba con pasos lánguidos y fatigados, cada uno repleto no solo del peso de los recipientes, sino de una vida entera.
Estaba cansado.
Su vida había sido larga, pero no provechosa. Así era como lo sentía él, lamentaba que los años hubieran pasado sin dejar una huella que valiera la pena recordar.
De nuevo, echó en falta el hijo que debía continuar su tarea, sabiendo que era un pensamiento improductivo.
